El “boiling point” de las mamás

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Es un clásico que cuando tenemos miles de cosas en la cabeza y estamos en el sitio más público y estresante del mundo, al “pequeño de la casa” se le ocurre una de las suyas y juega un poco con nuestra paz interior.

Una no las ve venir, pero hay situaciones que definitivamente nos ponen al punto de ebullición, que en este caso sería algo como: dícese de aquella temperatura en la cual la presión del niño iguala a la presión del medio en el que nos encontramos. 

Por ejemplo:

Cuando estás en el ascensor, lleno de gente, pero tu hijo está de primerito parado frente a los botones y oprime “Alarma”, como si se tratara de un teclado con armoniosas notas -respira profundo-.

Cuando estás en el supermercado, en el departamento de vegetales, y te encuentras a la ex vecina con la que no te la llevabas bien y te dice: -”Ay vecina, estás más flaca, ¿qué hiciste?” Y tú, jugándotelas todas, respondes: -”Vecina, cambié mi vida, ahora soy vegetariana”. Pero tu hijo contraataca con su honestidad: -”Mami, ¿no te habías operado?” #Fail.

Cuando vas por el mall y a tu hijo se le antoja algo, pero le dices que no: se tira al piso pataleando, llorando, gritando, pidiendo auxilio, y te quedas atónita, casi al mismo tiempo en que pasa un vigilante y te ve con cara de “debería arrestarte”.

Cuando te das cuenta que, en un tiempo récord de unos minutos en los que lo dejaste solo, se convirtió en un Da Vinci y decoró tu cuarto con unos nada delicados trazos de tu pintura de labios favorita por toda la pared blanca (y cortinas blancas).

Pero nada como ese momento en el que te preparas para los 15 años de tu sobrina predilecta, reúnes a tus hijos y te dispones a hacer un sentido y conmovedor video para felicitarla. Después de tantos intentos -porque la emoción y tantas cosas que quieres decir, no te dejan organizar tus palabras-, te inspiras y de pronto…

Erika Tipo Web